Trabajo Social en salud: Declaración de granada. Mayo de 2006
Con motivo de la Celebración del IX Congreso Nacional de la Asociación Española de Trabajo Social y Salud celebrado en la ciudad de Granada del 30 de mayo al 2 de junio de 2006, la Junta de la Asociación de acuerdo con el Comité Científico y Organizador, elaboraron una Declaración de posicionamiento del trabajo social en el campo de la salud versus el momento actual que se está dando en las organizaciones sanitarias y proveyeron unas recomendaciones básicas para mejorar la atención social de las personas con problemas de salud. Por definición el ciudadano es, y debe continuar siendo, el centro de gravedad alrededor del cual, éticamente, los servicios sanitarios, sociales y/o sociosanitarios, públicos y privados, deben desarrollarse. No obstante, éstos, progresivamente, parecen estar más preocupados por su propia subsistencia, expansión y pervivencia que no por los beneficios sociales derivados de sus acciones e intervenciones.
La Declaración de Granada se gesta sobre un sentir y una evidencia empírica que reúne realidades, llamativas por contradictorias, que en el plano de la gestión y, por extensión, de la atención directa, alejan al Sistema Nacional de Salud y a su homónimo en las Comunidades Autónomas de la tan aclamada y recurrida: Asistencia Integral. Sabido es que ésta sólo se da cuando se consideran simultáneamente los problemas sanitarios y sociales de la persona y tanto unos como otros los tratan profesionales especializados, para los primeros facultativos, enfermería, etcétera. Y para los segundos trabajadores sociales. Es de sobra conocido que los problemas y dificultades sociales siempre subyacen a la enfermedad y están presentes en todo el proceso de atención sanitaria. Por ello, es en las organizaciones sanitarias donde dichas dificultades se deben atender lo más rápido posible. Considerarlos o no, dentro del proceso sanitario como una parte explícita de la atención implica mucho más que una mera mención retórica, una acción tangible y programada para este fin.
La Declaración de Granada nace, además, con una preocupación: el nulo o escaso espacio que el trabajo social especializado en salud tiene en las actuales organizaciones sanitarias, lo cual, culmina en un diferido, cada vez mayor, entre la teoría clásica de la disciplina y las funciones que algunas gerencias y direcciones generales, más por desconocimiento que por ignominia, le asignan.
Igual que el médico en su Juramento Hipocrático[1] jura: “Ser un obstáculo para el daño y la injusticia”, los trabajadores sociales deberían ser un impedimento y un obstáculo a las injusticias del sistema de bienestar social y en este caso de las del sistema de salud, cada vez más notables cuando se trata de personas enfermas que requieren apoyos sociales y psicosociales.
La democracia de un país se mide, entre otras, por la realidad y veracidad de sus instituciones, por su capacidad de responder con eficiencia y equidad a la población. Las necesidades sociales de las personas enfermas y sus familias o redes sociales no son caprichos de los profesionales del trabajo social, son realidades que generan sufrimiento humano que cabe atender. Cuando las instituciones y servicios no son capaces de responder al tiempo que son requeridos, no pueden considerarse parte del llamado Estado del Bienestar. Y la administración, local, autonómica o estatal que lo permite, lo consiente y alimenta con su indiferencia narrativa, no puede considerarse a sí misma una administración benéfica ni democrática. Mucho menos moderna.
El desarrollo del Estado del Bienestar puede darse con lentitud, pero incluso la lentitud supone un ligero movimiento de avance permanente. En ningún caso, la parálisis institucional puede denominarse lentitud en su desarrollo. La parálisis estanca y el estancamiento en la sociedad es siempre retroceso. Una parálisis que, dicho sea de paso, en ningún caso afecta a los presupuestos e inversiones sino a su reparto y a los resultados que de ellos podrían esperarse. Confundir las inversiones presupuestarias con resultados automáticos responde a un reduccionismo impropio, de una sociedad autodenominada del conocimiento. Un Estado en donde las personas no pueden acceder a las prestaciones sociales y sociosanitarias que los profesionales les reconocen como necesarias para su mejora, una Administración en donde las listas de espera de los servicios públicos son la alternativa más imaginativa que siempre llega tarde, no puede denominarse a sí mismo un Estado democrático ni del bienestar. Los trabajadores sociales del sistema de salud ven cada día como las organizaciones sanitarias y de los servicios sociales no responden o no pueden cubrir las necesidades reales de las personas que atienden, pero su clamor queda anegado por las grandes disquisiciones de teóricos e ideólogos.
A la vez, un sistema de salud que en el desarrollo de sus prestaciones y organización no considera a la persona en su totalidad física, social y cultural no puede considerarse un sistema de salud sano ni propio del siglo XXI.
Los trabajadores sociales de la salud no pueden seguir atrapados en la pasividad viendo como crece la desatención social dentro del sistema sanitario. La 56ª Asamblea Mundial de la Salud[2], recuperando la Declaración de Alma-Ata[3] (1978) y otras posteriores, en el 2003 pedía a los Estados Miembros:
- que velen por que el desarrollo de la atención primaria cuente con los recursos necesarios y contribuya a reducir las desigualdades en materia de salud;
- que renueven su compromiso de asegurar el fortalecimiento a largo plazo de las capacidades en lo que respecta a los recursos humanos requeridos para la atención primaria de salud;
- que aumenten el potencial de la atención primaria de salud para hacer frente al incremento de la carga de morbilidad atribuible a las afecciones crónicas, mediante la promoción de la salud y la prevención y el tratamiento de las enfermedades;
- que respalden la participación activa de los grupos de beneficencia y las comunidades locales en la atención primaria de salud;
- que apoyen las investigaciones encaminadas a hallar métodos eficaces para el fortalecimiento de la atención primaria de salud y vincularla con la mejora global de los sistemas de salud;
El informe de la OMS sobre “La salud en el mundo” publicado en el 2002 enfatiza especialmente sobre “Los riesgos”, dimensión en la que el trabajo social en salud desarrolla una parte importante de su actividad especialmente en el medio ambiente y familiar.
Tanto desde la atención especializada como desde la atención primaria de salud los trabajadores sociales deben velar para garantizar a los ciudadanos su derecho a una asistencia integral verdadera, fehaciente y tangible. También deben impulsar la creación de aquellos recursos necesarios para cubrir las necesidades sociosanitarias.
Por todo ello:
- Se pide a los poderes públicos y responsables de la salud de la población que consideren la asistencia integral como el resultado de la intervención interdisciplinar en donde los aspectos sanitarios y sociales son tratados por profesionales especializados, tanto en uno como en otro caso. Así mismo que, aunque sea por desconocimiento u otras causas, no impulsen a los profesionales sanitarios a ejercer funciones propias del trabajador social pues carecen de la correspondiente formación académica, además, de la práctica. De la misma manera que los trabajadores sociales no están formados ni entrenados para resolver los problemas sanitarios.
- Se pide al Ministerio de Sanidad y por ende a las Consejerías de salud de las Comunidades autónomas que no obvien la atención social especializada en salud dentro de las organizaciones de salud y que la mirada del trabajo social en este ámbito esté presente en los grupos de expertos y asesores en la misma medida que lo están otras áreas como son la médica, la de enfermería, la de administración, etcétera.
- Se pide a las organizaciones de salud, tanto de atención especializada como de atención primaria, que doten a los trabajadores sociales de herramientas de trabajo soportadas por las nuevas tecnologías a fin de facilitar las actividades de registro y posterior análisis.
- Se solicita a las escuelas Universitarias de Trabajo Social que incluyan en sus currículos académicos la formación de trabajo social en salud, tanto en atención especializada como en la atención primaria. Sólo con la formación adecuada se evitará que el resultado de la actividad social en el campo de la salud se confunda con la realizada desde los Servicios Sociales. Si bien los procedimientos pueden coincidir, en ningún caso lo harán los procesos.
- Se pide a los profesionales sanitarios que contemplen a los profesionales sociales como un apoyo esencial para cualquier proceso de atención a los problemas de salud que se debe dar desde dentro de los servicios de salud.
- Ante la Futura Ley de Autonomía Personal y Atención a la Dependencia, recordar que, de siempre, los trabajadores sociales del sistema de salud han estado atendiendo a las personas dependientes y a sus familias, siendo este ámbito en donde su experiencia y conocimiento teórico y aplicación práctica están más desarrollados, tal y como avala la numerosa documentación científica publicada en colecciones de libros y en revistas especializadas.
Por su parte y referido a los profesionales del trabajo social se recomienda:
- Que adapten sus metodologías a los nuevos escenarios del sistema sanitario, especialmente en lo que se refiere a la gestión de la unidad o servicio de trabajo social.
- Que acompañen sus reivindicaciones narrativas de valores empíricos y cuantitativos, representativos y obtenidos a partir del método científico.
- Que incorporen la intervención por programas frente a la intervención a demanda, ya que el análisis de la información obtenida de ésta última no es susceptible para ser tenida en cuenta en la toma de decisiones. La demanda siempre es aleatoria e improvisada.
- Que recuperen el espíritu de Mary Richdmond constituyéndose en agentes sociales que impulsan el cambio del sistema sanitario hacia la verdadera interdisciplinariedad que considera a la persona el centro de su acción.
- Que en su ejercicio diario se inspiren en los principios del trabajo social e incorporen activamente, además de la obvia función asistencial, las funciones de investigación y prevención.
- Que se establezcan alianzas de coordinación entre la atención especializada y la atención primaria de salud, siempre en ambas direcciones para establecer redes de comunicación estables siempre en beneficio de las personas que utilizan los servicios.
- Que incorporen el uso de las nuevas tecnologías como apoyo a su trabajo de análisis y evaluación periódica.
- Que desarrollen su trabajo dentro del Método Básico de Trabajo Social.
- Que sean portavoces y denuncien aquellas situaciones individuales o colectivas de insolvencia del sistema de bienestar.
Granada, 31 de mayo, 1 y 2 de junio de 2006
Asociación Española de Trabajo Social y Salud.
[1] Párrafo basado en el que conforma el Juramento Hipocrático: “Recurriré a los regímenes de vida para ayudar a los enfermos según mi capacidad y juicio y seré un obstáculo para el daño y la injusticia”.
[2] 24 de abril de 2003. Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud, Alma-Ata: 25º aniversario, Informe de la Secretaría.
[3] Conferencia Internacional sobre la Atención Primaria de Salud. Alma-Ata URSS 6-12 septiembre 1978